Efecto OMG!

Efecto OMG!: ¿Cuánto tiempo pasamos cada día pensando en nuestras audiencias?

Feliz semana a mis queridos lectores.

Hoy copio y pego partes de unos mensajes de correo que he intercambiado con una persona, cuyo nombre y circunstancias omito por respeto a su privacidad:

Hola, 

Me llamo XXX y soy de YYY. Sigo con frecuencia las entradas de tu blog y me pareció particularmente interesante el artículo del efecto OMG. (NOTA DEL BLOGGERse refiere a una serie de tres artículos: 1, 2 y 3).

Trabajo en una asociación sin fines de lucro y me sentí bastante identificado con varios de los planteamientos. En concreto es un club para chicos jóvenes y sus familias. Después de hacer un pequeño focus group con lo padres del club nos dimos cuenta que sus aspiraciones están muy lejos de la forma en la que planteamos nuestro proyecto educativo...

…La estética procuramos que esté bien cuidada, pero estamos pensando como reescribimos el contenido enfocándonos sobre todo en lo que les interesa a los padres de los chicos (prestigio académico y valores). 

Un abrazo,
XXX

Esto es lo que yo le contesté:

Hola XXX, muchas gracias por tu mensaje. 

Me alegra saber que habéis hablado con los padres para sincronizar lo que hacéis con lo que ellos buscan en el Club. Es el comienzo de todo planteamiento de renovación estratégica. Debéis seguir haciéndolo para verificar vuestro nivel de mejora y obtener nuevos insights sobre las aspiraciones de las familias. 

Lo siguiente sería formular proyectos -pocos, concretos- para seguirlos durante un tiempo, con los que creéis que podéis mejorar vuestra oferta y la percepción que generáis. 

No perdáis tensión en el proceso que habéis iniciado. No lo abandonéis. Para que el nuevo posicionamiento sea un éxito tenéis que convertir el diálogo con vuestra audiencia en un hábito. Ese diálogo no tiene por qué darse solamente a través de entrevistas o focus groups. Se da en su respuesta -cuantitativa y cualitativa- a los productos que ofrecéis. Pensad unas métricas -asistencia a eventos, nuevas familias incorporadas…- que os permitan descubrir  y recorrer el camino a seguir.

Mucha suerte!
Gustavo
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Efecto OMG!

El efecto OMG! o cómo transformar lo bueno en un objeto de deseo (3 de 3)

En los episodios anteriores de esta serie de artículos he hablado sobre por qué la mayor parte de las ideas que aspiran a cambiar el mundo no tienen éxito.

Pero hay esperanza. Si esas ideas profundas y esenciales se envuelven con las aspiraciones y el lenguaje de sus destinatarios, una idea meh! puede pasar a convertirse en un hit gracias al Efecto OMG!

En este último post me propongo tres objetivos:

  1. Mostrar otros casos de éxito que confirman el poder del efecto OMG!
  2. Explicar cómo la historia de los cambios nos enseña que existen unas capas rápidas que innovan y otras lentas que estabilizan.
  3. Ofrecer un primer esbozo de lo que sería una metodología de trabajo para intentar el efecto OMG! en tu organización.

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Efecto OMG!

El efecto OMG! o cómo transformar lo bueno en un objeto de deseo (2 de 3)

Este es el segundo post de una serie que empieza aquí.

Emprendedor social, idealista, sacerdote… dices que tienes ambiciones de cambiar el mundo… ¿son tan grandes como las de un tal Elon Musk?

Musk quiere cambiar el mundo a partir de una BIG IDEA: crear otro nuevo. Piensa que vamos a necesitar poblar Marte, y está decidido a lograrlo en los próximos años. Sigue leyendo

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Efecto OMG!, Lo + leído

El efecto OMG! o cómo transformar lo bueno en un objeto de deseo (1 de 3)

En mis ya muchos años de experiencia trabajando con marcas de consumo he colaborado en la promoción de todo tipo de productos. Enumeraré sólo algunos:

-viviendas
-salsa picante
-helados
-bebidas energéticas
-seguros
-whisky (también ginebra)
-ampollas flash para el rostro
-gasolina
-cuchillas de afeitar
-papel de fumar
-agua embotellada…

Sé que a suena a mundano e irrelevante. Pero trabajando para estos productos aparentemente prosaicos he aprendido lo que sé sobre Branding y persuasión. Y lo aprendido es aplicable a la difusión de cualquier idea.

 

A ese tipo de clientes -los muy materiales- he dedicado el 95 por ciento de mi tiempo.

Pero como la agencia 101 se hizo conocida por trabajar para el Vaticano y convencer a la Iglesia Católica de que entrase en los Social Media, se nos ha acercado otro tipo de cliente: gente que quiere cambiar el mundo con ideales altruistas. Vienen con propuestas que hacen la vida más plena, la Tierra más sostenible y el mundo más justo. No quieren vender productos sino cambiar cabezas y corazones. No buscan el like por el like sino poner de moda ideas, comportamientos y hábitos de conducta renovadores.

Me estoy refiriendo a ONGs, startups de innovación social, movimientos ciudadanos, organizaciones religiosas y un largo etcétera de figuras con un leitmotiv común: QUIEREN CAMBIAR EL MUNDO.

¿Qué he aprendido trabajando con ellos?

  • Por lo general están convencidos de que lo que ofrecen haría bien a muchas personas: debería venderse solo, sin ayuda de las estrategias de comunicación.
  • Con excepciones, tienen un éxito limitado: les cuesta un esfuerzo titánico colocar su producto en el mercado y lograr que la gente que lo ha probado repita.
  • Piensan que su problema es el desconocimiento por parte del público. Que si su idea fuera conocida y más gente la experimentara, no tendrían necesidad de hacer promoción. Y ahí entran en una espiral fatalista: como no tienen recursos, no hay nada que hacer.

Al escucharles, mi respuesta siempre ha sido la admiración: celebro que exista gente con grandes ideales y que está dedicando su vida a promoverlos. Y después les digo lo siguiente:

¡Bienvenidos a la industria de las ideas bien intencionadas! Ideas estupendas, maravillosas, genuinas… Pero que lo tienen muy complicado en el mundo actual.

¿Por qué?

  • Porque no son suficientemente atractivas: el ideal subyacente es más interesante que la experiencia tangible con que lo presentan.
  • Porque el esfuerzo de uso del producto es inmenso y la gratificación percibida, escasa.
  • Porque no terminan de generar ideasredondas, con una formulación consistente. Y las personas no las entienden.
  • Porque no son ideas para todo el mundo, y no se ha identificado al target real
  • Porque, cuando las conoces, sus experiencias tienen poca vitalidad, poca participación por parte de los que ya las usan.
  • Porque por lo general el producto les parece tan sólido que tienen poco en cuenta las preferencias, necesidades y percepciones de sus potenciales consumidores.

En el fondo, porque NO CONECTAN CON LA GENTE.

Pero insisto, la energía que les mueve es poderosa; la esencia de sus ideas es compacta. Lo que les falta es un portavoz capaz de entusiasmar: un producto atractivo.

¿Pueden generarlo?

Pienso que sí, que hay esperanza para este tipo de ideas. Y nos jugamos mucho en que consigan atraernos hacia lo bueno.

¿Cómo se hace?

La fórmula me la ha dado un tipo que se llama Elon Musk. Pero esa historia os la cuento aquí.

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Gustavo Entrala es experto en Tendencias, Innovación y Branding.
Asesora a CEOs y consejos de administración en su estrategia digital y hace workshops sobre tendencias e innovación in-company.
Está en Twitter y en LinkedIn y dirige un podcast sobre música y tendencias.
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