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Sinvergüencers: cómo separar el grano de la paja en el pujante mercado de los prescriptores online

Coinciden en la misma semana las denuncias públicas de dos propietarios de locales de hostelería que se niegan a regalar sus servicios a supuestos “influencers” con una legión de seguidores.

El primer caso es el de un hotel con un restaurante premiado en Dublín. Su propietario se negó a alojar de forma gratuita a una influencer y a su pareja durante cinco noches a cambio del rodaje de un vídeo en Youtube. Y como respuesta al supuesto escándalo que generó su decisión en redes sociales (la influencer lloraba en el vídeo en el que contó la historia del rechazo), ha decidido prohibir la entrada a todo “blogger” (no debe de ser muy experto en el uso de las redes el hombre).

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El segundo caso es el de Dabiz Muñoz, propietario de Diverxo. El chef español publicó este imagen en Instagram:

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No todos son “sinvergüencers”

Existen otros precedentes de empresas del sector que denunciaron públicamente las ofertas que les hacen estos supuestos líderes de opinión.

Es muy posible que otros sigan su ejemplo en 2018 buscando notoriedad (¿quién conocía The White Moose Cafe antes? Yo, no).

Estamos, por tanto, al comienzo de un año en el que la opinión pública mirará aún con más desdén la figura de los influencers, esos prescriptores a los que poca gente conoce.

Sin embargo, como en todo, no hay que dejarse llevar por la corriente sin antes ejercer el sentido crítico.

  • Trabajar con los influencers adecuados es muy rentable para un buen número de marcas y productos. Un buen influencer que atraiga a un público afín en sectores como la moda, el hogar, la decoración, la alimentación o la cosmética puede ser un socio estratégico.
  • No hace falta que tengan audiencias millonarias. Conozco influencers en Instagram que no llegan a los 50.000 seguidores y que tienen acuerdos comerciales con marcas de consumo. Perciben un fijo mensual, se les nutre de productos gratuitos y perciben un variable en función de las ventas que generan.

¿Cómo acertar?

Ante una propuesta de un influencer, me planteo siempre las siguientes preguntas:

  1. Sus seguidores, ¿son mi target?
  2. ¿Le necesito para ganar notoriedad, ventas o prestigio?
  3. ¿Es real su influencia? Para responder a esta pregunta aconsejo mirar quiénes son sus seguidores y ver algunos de los comentarios que recibe. Comprobar si ha hecho alguna mención a marcas en el pasado y mirar las reacciones generadas.
  4. ¿Son reales sus seguidores? Hay herramientas para calibrar el número de bots (cuentas falsas programadas) en Twitter y herramientas profesionales de pago para todas las redes sociales.

Si el influencer con el que queremos trabajar pasa este filtro, aconsejo hacer una prueba durante un mes y comprobar el impacto en ventas y seguidores.

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Gustavo Entrala es experto en Innovación de Marcas.
Asesora a CEOs y consejos de administración en su estrategia digital y hace workshops sobre tendencias e innovación in-company.
Está en Twitter y en LinkedIn y dirige un podcast sobre música y tendencias.

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