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Házme una música para el spot que suene a Sigur Ros

Sigurros

La banda islandesa Sigur Ros está muy quemada. Según dicen en este post, reciben constantemente peticiones de agencias de Publicidad y marcas de consumo para utilizar su música en anuncios. Y se niegan a hacerlo.

Ellos decidieron hace tiempo restringir a cero el uso de sus creaciones para vender. Su música es muy conocida porque aparece como parte de la banda sonora de bastantes pelis y trailers (se ha usado demasiado, por cierto). De hecho, poca gente conoce Sigur Ros en el ámbito mainstream, pero en cuanto les pones una canción como esta, la reconocen de inmediato.

Lo que la banda dice en su post es que a pesar de que declinan aceptar cualquier trabajo publicitario, terminan oyendo cosas sospechosamente parecidas en los anuncios que antes les pidieron permiso. Y es flagrante. Dejo aquí dos ejemplos muy cantosos:

Un spot de Coca-Cola

Otro de Orange

En su blog podéis ver muchos más.

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Una oportunidad para implicarse

Por si a alguna persona con tiempo libre le interesa, esta es mi opinión sobre el 15M:

Ayer estuve en Sol un par de horas. Quería vivir la concentración en primera persona porque todo lo que veía en los medios me tansmitía desconcierto, simplificación y, en el fondo, miedo a lo nuevo.

Vi un ambiente pacífico, sereno, cordial. Vi gentes de aspectos muy diversos (incluidos unos cuantos de los que ahora llaman «perroflautas», no muchos). Leí proclamas liberales, proclamas anarquistas, proclamas marxistas, proclamas patrióticas. Pero lo que leí, sobre todo, fueron mensajes de personas que se quejaban de algunos aspectos muy discutibles de nuestro sistema democrático. La falta de transparencia con la que manejan nuestro dinero, la poca participación, la «elite» en la que se ha convertido el gremio político; la falta de inversión en investigación; el problema del paro; el problema del acceso a la vivienda… Fíjate, cosas en las que todos pensamos pero sobre las que hablamos muy poco.

Y me ha sorprendido la reacción de un buen número de personas a las que he transmitido tanto mi experiencia como la ilusión que albergo con este movimiento: mi experiencia era contraria a la percepción que ellos tenían, en muchos casos mediatizados por lo que han visto en la tele o leído en el periódico. La mayoría no están siguiendo el movimiento a través de la red, no usan Twitter. Pues bien, entre la realidad y lo que los medios cuentan hay una brecha espectacular en este momento. Para seguir la realidad recomiendo mirar Twitter y seguir a la gente que está en las acampadas.

Es lamentable el proceso por el cual simplificamos lo que no entendemos, lo que no conocemos, lo que nos resulta ajeno. Lo que hacemos es etiquetarlo (perroflautas, antisistema, radicales) para que este proceso social no tiente ni a nuestra inteligencia ni a nuestra zona de confort personal.

Quedarse en que «son los p… antisitema» (con perdón) es, en mi opinión, un acto de superficialidad, denota actitudes pesimistas y, en consecuencia, nos automargina del proceso en marcha.

Cuando etiquetamos la realidad, la reducimos al absurdo por la pereza mental de ahorrarnos mirar las cosas antes de juzgarlas; también nos da yuyu juzgar las cosas con una perspectiva amplia, abierta, curiosa. Nos inquieta, por último, profundizar en los matices que tiene todo lo nuevo.

Tenemos ansiedad por clasificar las cosas en nuestra cabeza para sumarnos o dejarlas pasar. Y no las entendemos: las juzgamos, creo que con ansiedad, para encasillarlas en uno de estos dos cajones mentales: son de los míos, o son de los de enfrente.

Denota una actitud pesimista el hecho de no creer en que uno mismo puede ser parte de un proceso de cambio para mejorarlo. Parece que en este país de mis amores ninguna ilusión colectiva fuera posible. Qué pena…

Para participar, hay que empatizar con el sentido general de cambio del 15M. Pienso que esto requiere no esperar que todos estemos de acuerdo en todo, vistamos igual y olamos al mismo perfume. Después, hay que exponer las propias ideas para que sean difundidas, cuestionadas y debatidas. Pero amigos, en esta España de mis amores, no se nos educa en el arte de la argumentación dialéctica. En cuanto no estamos de acuerdo con alquien nos incomodamos porque nos sentimos en conflicto con la otra persona. Parece que esté en nuestro ADN que para llevarse bien con alguien no se puede discrepar en nada.

Nos da miedo pensar en el 15M porque nos da miedo la radicalidad que puede adquirir el movimiento. Y efectivamente, tén por seguro que se radicalizará si gente normal como tú no está ahí y no participa en el proceso.

Me parece que el 15M es un fenómeno que tiene aspectos muy positivos, otros que no me gustan nada. Pero la esencia del debate democrático, en mi opinión, es que no hace falta estar de acuerdo en todo para sumarse,  aportar ideas y llegar a acuerdos.

Me ilusiona que la gente salga a la calle para llamar la atención de los líderes de nuestra sociedad. Me encanta que durante estos días la imaginación en la calle haya superado al dinero de la propaganda de los partidos. Es un verdadero alivio liberarse de las imágenes de los mítines en la tele.

En lugar de escuchar los ataques del tipo «y tú más» propios de un patio de colegio, estamos hablando sobre el modelo de democracia que queremos, sobre las cosas que no funcionan bien, sobre todo lo que puede mejorarse. ¿No es una oportunidad muy grande? Yo pienso que sí.

Si en lugar de participar en el proceso, lo abandonamos a la suerte de los radicales, o de los que no piensan como nosotros, luego no nos quejemos del resultado. Se nos dio la opción de decir lo que pensamos. Y no lo hicimos.

Yo no soy más que otro ciudadano más, pero precisamente por eso quiero ser parte de esta movida y aportar lo que pueda desde mis opiniones y convicciones personales. No me resigno a que participar en la democracia se limite a votar cada cuatro años a una de las 3-4 opciones que nos ofrece la política actual.

Un fuerte abrazo, gracias por la paciencia de llegar hasta el final.

Gustavo Entrala Torres

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